Salvemos Los Monumentos

En 1848, el Tratado de Guadalupe Hidalgo trajo a su fin la Guerra entre México y los Estados Unidos, y una comisión binacional fue establecida para inspeccionar y marcar la nueva frontera internacional. Anteriormente a esto, la región fronteriza había sido un lugar de activo empuje entre una diversa mezcla de originarios del lugar y recién llegados, la mayoría de origen europeo. Aunque la línea conmemoraba la división entre dos naciones-estado, los habitantes fronterizos continuaron con sus prácticas de siglos atrás de comercio y sociedad transfronteriza.
Después del tratado, la zona fronteriza fue desgarrada por una ausencia de ley ya que mexicanos, anglosajones e indios pelearon para preservar sus intereses en el disputado territorio. Ciudades gemelas prosperaron en lados opuestos de le línea, y la población creció a tal grado que un segundo levantamiento de la frontera terrestre fue comisionado con el afán de mejor marcar la división internacional. Aun así la colaboración a través de la frontera continuó. Durante la Guerra Civil de los Estados Unidos y la Revolución Mexicana, el comercio transfronterizo se expandió y refugiados civiles frecuentemente escapaban al otro lado para eludir a la violencia causada por los conflictos.

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Baja California prosperó al voltear al norte hacia los Estados Unidos. En el siglo XX, los lazos de Baja California con el estado de California llegaron a ser especialmente fuertes. Cuando la prohibición fue promulgada en los Estados Unidos, turistas empezaron afluir a Baja California; durante la Segunda Guerra Mundial, el Programa Bracero llevó a millones de hombres mexicanos a trabajar en la agricultura Californiana; el Programa Industrial Fronterizo de México estimuló conexiones basadas en la industria maquiladora; y los intereses económicos comunes de ambas naciones fueron consolidados por el Tratado de Libre Comercio de América del Norte. Hacia finales del siglo, la zona fronteriza de Baja California se había convertido en una potencia económica al igual que en un crisol de cambio político y cultural.

Luego, durante la década de los noventas del siglo pasado los Estados Unidos iniciaron la construcción de cercos entre las principales ciudades fronterizas en un esfuerzo por detener el flujo de migrantes desde México. Estos esfuerzos fragmentados se vieron transformados por los ataques del 11 de Septiembre a un proyecto nacional para construir una enorme serie de muros y cercos a lo largo de toda la frontera terrestre entre ambas naciones, al igual que en secciones del Rio Bravo. Como consecuencia, la comunicación transfronteriza fue interrumpida, mas no disminuida. A pesar del Muro, la región fronteriza permanece siendo un lugar de continuidad y conexión. La frontera es ahora semejante a una “Tercera Nación” entre México y los Estados Unidos.